Llegan las fiestas de agosto y cómo no...

"La vaca del aguardiente y otras hierbas" (Nuevo)          

  

Relatos de Muchachos ... de la Villa de Argujillo

Por Juan Carlos Tejedor (el de Amelia)

 

OTOÑO

INVIERNO 1    

INVIERNO 2

 

 "Desde la Alcantarilla" 

PROLOGO

El autor de estos relatos obviamente no pretende hacer de estos una obra literaria, pues el oficio de “escribidor” no es el suyo como podréis comprobar

-¡que más quisiera!.

La única pretensión del Argujillano es hacerle un guiño a nuestro pasado, para que con (pretendido) buen humor, conseguir refrescar y traer a la memoria, los recuerdos, vivencias y anécdotas, unas veces divertidas, a veces sufridas, siempre compartidas con sus paisanos. Lo que se intenta en definitiva es no olvidar nuestro pasado, nuestra niñez, nuestras raíces.
Para ello, estos primeros relatos tratan de exponer como transcurría la vida en Argujillo, en un periodo que puede abarcar entre los años 1960, 1975, desde el punto de vista de un niño.

Consta de cuatro capítulos coincidentes con "las estaciones del año".

 Casi todo son vivencias propias, con un pequeño toque novelesco para difuminar las nieblas del recuerdo de aquellas realidades que el paso de los años obliga a fabular. El fin último es pasar un buen rato recordando, quizás emocionándonos y sobre todo motivar y animar a que otros/as convecinos/as, recuerden y cuenten sus historias o anécdotas. Incluso las mismas desde otro punto de vista, pues sabido es que el tiempo distorsiona la imagen de los sucesos.

En todo caso he intentado impregnar a todo ello con una pizca cómica que la edad permite extraer de los pequeños dramas y alegrías que aquí se cuentan. Si con ello consigo que algunas personas que vivieron esa época, siendo niños, adultos, incluso aquellos que aún no habían nacido, o que sus recuerdos están en otros lugares y/o vivieron otras, le vengan a su mente pasajes de su vida que le produzcan una sonrisa y una”miaja” de nostalgia, me sentiría totalmente realizado en el proyecto.

Por otra parte si estos escritos animan a que otras “plumas” de la Villa cuenten sus recuerdos, vivencias, opiniones, propuestas de todo tipo, que sirvan para hacer de Argujillo y de esta Web un sitio mejor y de referencia para todos nosotros. En definitiva, un lugar de encuentro para los Argujillanos y todos aquellos amigos que de alguna forman sienten, respetan, tienen algo que decir o necesidad de aportar sobre Argujillo y sus gentes. Para quien escribe sería la “repera”.

Quise plasmar mis recuerdos con humildad, mucho cariño, el mayor respeto por las personas, cierta nostalgia y, por supuesto sin tratar de herir a nadie. Si alguien se sintió ofendido, quizás por aparecer su nombre o cualquier otra circunstancia, le pido perdón, jamás como digo, fue mi intención molestar a nadie.

.

Dedico estos relatos a mi familia, a aquellos amigos, conocidos, paisanos, que lo vivieron conmigo, a los que me ayudaron con algún nombre o palabreja, a aquellos que ya no están, a los que sienten Argujillo y para (de acuerdo con el espíritu de la “Web”,):

¡¡LOS QUE NO OLVIDAN!!

 

ARGUJILLO  Primer relato:

EL OTOÑO

CAPÍTULO 1

EL PRINCIPIO

Te recuerdo en blanco y negro. Terminada la vendimia, cuando el “áspero” viento se lleva los últimos amarillos y dorados de los campos, trayendo al ponerse el sol aquellos nubarrones de octubre. Las grandes bandadas de pájaros desplazándose en forma de “V”, cambiante a “W” doble, incluso triple, que hacían al niño imaginar que esa sería la forma de las grandes cordilleras y sus montañas. Éstos muy altos, allí por donde tras las nubes se podría alcanzar el cielo, viajaban para esquivar las crudas heladas a otras tierras muy lejanas donde la primavera era perpetua.

- ¿Cómo serían estas tierras? ¡Que suerte ser pájaro!, para poder descubrir esos paraísos

Otros volaban mas bajo apelotonados, cambiando de forma y dirección como un inmenso grupo de danza, buscaban cobijo inmediato para pasar la noche que ya rápido refrescaba.

Los días acortándose con rapidez conducían inexorablemente hacia la oscuridad del invierno y, sin embargo empezaba todo: La sementera, el nuevo vino, la caza, la escuela, ¡otra vez la escuela!.

Allí en el púlpito de la escalera se podían divisar las siluetas de los maestros, los mismos gestos, los mismos modos, conversaban Dña. Crescencia y D. Victoriano, Dña. Aurelia y D. Angel mientras los rapaces y rapazas se incorporaban lentamente a aquellos pupitres con sus tinteros aún vacíos. A renglón seguido el maestro cómo todos los años, mandaba a los mismos “alumnos de confianza” a cortar aquellas varas educativas, que luego no tenía inconveniente en “estrenar” con ellos para probarlas….

Aún tengo metido el olor de aquella leche en polvo de Mr Marshal, que se guardaba en el cuarto del fondo del pasillo de las nuevas escuelas, no sabía a leche puaggg, pero desde luego olía a ella; cuando por indicación del maestro los lecheros de turno subían de la fuente la gran “pota” llena de agua, para posarla sobre la esbelta estufa de fundición cilíndrica que se erguía en el centro del aula, después de medir y vaciar sobre ella el preciado polvo, daban vueltas con la enorme cuchara de madera (similar a la de las mantecas). Cuando ya humeaba y la mayoría de los”grumos” se habían deshecho, pasábamos en orden todos con nuestro vaso, para sin pensarlo mucho, vaciar el líquido en el gaznate

- Seguramente algún centímetro de la estatura de nuestro cuerpo se lo debemos a la misma, ¡Qué cosas!, ¡Quién lo diría!.

Los recreos eran lo mejor, había que “coger el trinquete” lanzando la pelota, la primera en botar dentro del cemento daba derecho a su dueño y amigos a jugar el partido mientras duraba el mismo. También se jugaba al “arroz”, el bote, a quemar, la comba (esta última con una gran soga si era para los niños), que aunque las escuelas se llamaban mixtas, los niños en sus aulas, las niñas en las suyas y los recreos cada “género” por su lado. ¡Juntos pero nunca revueltos!

Luego al regresar al aula,

-¡cuidado con la altura de la cabeza al leer!.

La medida era la regla de D. “Vitoriano”, su longitud era la altura mínima de la posición de la cabeza respecto al pupitre, (pura geometría…) que por supuesto era corregida automáticamente con un toque “sutil” del maestro, con el perfil de la madera sobre el cuero cabelludo del incauto muchacho, que por su constitución: Cabeza grande, despistado, mal posicionamiento en la silla y/o “modorra pasajera”, osaba bajar su “testa” por bajo de los límites establecidos.
Hay un entrañable compañero de la época, que conocía ese “toque como nadie”, sin duda recordará el sonido y el dolor que producía la medida correctora. A pesar de los “esfuerzos del educador”, estoy seguro que el amigo sigue escribiendo con su cabeza acostada sobre su brazo izquierdo...

 

CAPÍTULO 2

LOS SANTOS

Los nubarrones se tornaban plomo, con tintes rojizos, naranjas, malvas, cenizas, cual “lumbre” que se extingue rápido hacia poniente, cuando llegaba noviembre. El aire venía “de Burgos” que daba ese color rojo a las caras y esa textura áspera a la piel.
Las mujeres iban y venían al cementerio con zuelas, cirios, cacharros con agua y flores. Todas adecentaban las tumbas de sus seres queridos para la fiesta de los difuntos.
En algunas cuadras se preparaban los animales “cebados” desde Santa Cruz allá por mayo en los prados para llevar a Fuentesaúco a los Santos. Era la feria más importante de la comarca y a ella acudían todos, los vendedores, los compradores y los curiosos, un verdadero acontecimiento.   
Se salía pronto en burro o andando, por la mañana, algunos iban el día antes y hacían noche en casa de algún familiar y los menos en posada, que no estaban los tiempos como para “tirar” el dinero en hostelería. En todos los casos veías salir las “retahílas” de burros con las alforjas llenas de comida en un lado y la garrafa con vino (algo dulzón por nuevo) en otro, con extraños jinetes (a veces a pares), tapados con la manta, otros, los más fuertes a pie y todos en alegre charla. Entre cuentos, chismes y anécdotas, se iba haciendo el camino, hasta llegar a las monjas donde se dispersaban a sus posadas y los más hasta el ferial.
Que “gentío”, que ambiente, por un lado los burros y mulas, por allí andaba Tomás, Antonio “el gitano de Argujillo” y los grupos de “chalanes”, Se daba también una vuelta el Señor Manolo el cortador que iba y venía, ahora entre las acémilas, luego en el lado de las vacas, donde se podía ver a su hermano Pepe y “Canorín” de Avedillo, _ me gustaba observar “el trato”

¿Cuanto cuesta el burro?
  1. 2000 pesetas
  2. ¡Ni que fuera la jaca de Peralta! Este hombre no quiere vender
  3. ¿Cuánto ofrece usted?
  4. ¡1500! Y porque quiero marcharme pronto.
  5. Ya hombre y quiere que se la regale. ¿pero usted se ha fijado en el animal? ¿ha visto sus patas?, No anda vuela...
  6. Nada, nada, 1500.es mi última palabra
Pues vaya usted con Dios
  1. Si, si, adiós
  2. ¡Chachooo! ven acá, terciaba un compadre. Venga hombre entenderos, echarlo al medio.
  3. Venga hombre daros la mano

Y cogía la mano de vendedor y comprador las unía y decía, "ala venga, 1750 y echar el buen provecho..."
Y así se pasaba la mañana.

Embarcando

Te encontrabas con mucha gente conocida, corrillos de paisanos alrededor y escuchando a aquellos hombres mayores sabios y expertos en el arte de comprar. A veces algún amigo cuidando algún animal que llevaron para vender, o con cara de ilusión y orgulloso, al cuidar a la bestia recién adquirida por su padre. Era frecuente ver ordeñar alguna vaca para demostrar “lo buena que era”, a otras le brotaban espontáneamente de sus pezones los hilillos de leche que se le salía “de puro blanda”. En alguna ocasión el niño observó al vendedor tumbado bajo el vientre de su “lechera” diciéndole al posible comprador.

- Ven acá, túmbate aquí y comprueba si has visto unas ubres mas bonitas en tu vida que las que tiene la guapa.

En la zona de cuadrúpedos fundamentalmente y alrededores se podían ver los grupos de gitanos con sus sombreros, bigotitos y su característica forma de hablar, las gitanas y sus vestidos largos y oscuros, los gitanillos jugando y pendientes de todo
Como en toda feria se aprovechaba para comprar y vender aquello que hacía falta o sobraba para pasar el año.
Era un momento extraordinario cuando llegaba la hora de sentarse en el suelo alrededor de la cesta familiares y amigos para llevarse a la boca los ricos guisos, embutidos y buenos vinos, traídos para la ocasión. Luego, bajabas al pueblo por aquellas calles llenas de gente hacia la plaza mayor con sus soportales de madera apoyados en columnas de piedra. Había visita obligada a las ferreterías para comprar una azada, cabezada, cadenas y la piedra “lipiz” para la sementera.

Cuando caía la tarde salían las gentes tapadas con las mantas en sus burros. Los niños acurrucados delante de su padre o hermano mayor buscaban la última avellana en el fondo de la bolsita que le compraron al pasar por los “tenderetes”. Con el calorcito, la “barriga” llena y el arrullo que supone el movimiento producido por los andares rítmicos formados por pasos cortos y rápidos del buen asno, invitan a dormir y soñar con lugares lejanos y fantásticos, donde hay mucha gente, muchas cosas que comprar, vender y ver…

- ¡Oye!, que andadora es esta burra que me he comprado
- Si parece ¡como si conociera el camino!

Y escuchabas de nuevo la repetida historia del Argujillano que regresó de un ”12” en Zamora con la misma acémila vendida y comprada por su dueño sin reconocerla después del ”retoque” de tijera, limpieza de ojos y aseo en general a cargo de los hábiles Chalanes. Solamente cuando la burra adivinó la puerta de su corral, el buen paisano tubo la ligera sospecha del engaño.
Menos relajados regresaban los que llevaban, bovinos, Podías observar como las amarraban con yugo. Una vaca domada con un novillo nuevo queriéndose escapar, dos novillos corriendo por las tierras con su yugo y el dueño tratando de regresarlas al camino.

- Cagüen tal… Sujétalas, que salimos este año en las relaciones...

Tenía menos problemas Tomás con su “retahíla” de burros atados unos a otros, la cuerda del último a la cola del anterior y todos en fila india y a buen ritmo.
Se hacía una parada en el molino “Gallego” en el cual había un avellano con frutos en esta fecha, por supuesto no tan ricos como los de la bolsa, pero que a mi me llamaba poderosamente la atención, por ser muy raro este árbol…El único que yo conocía por estos “lares”.
Cuando te querías dar cuenta estabas en el teso la Cruz. A la vista, el impresionismo puro, un bodegón fantástico de colores que forma la postura del sol en simbiosis con las nubes. Era la mismísima creación en la mente del niño; cuando bajabas la vista y la realidad te posaba en la tierra divisabas el palomar, no veías a Argujillo, pero sabías que estabas en casa, no hacías la curva de la cuesta actual, tirabas recto, por el camino que rasgaba el teso y se unía al de “valdelobos” para bajar recto al cementerio nuevo. Solo al doblar a la izquierda al pasar delante de sus puertas de hierro, divisabas la torre y las primeras casas. Entrabas por las bodegas, a la derecha la tapia caída del viejo cementerio, con sus pesadas cruces de hierro fundido, unas en pie, con iniciales que pretendían no olvidar su pasado, otras en el suelo y sin ninguna identidad.

-¡Sería un buen negocio su venta, al menos las que no tienen nombre, pensaba el soñoliento niño…!.

Cuando te bajabas de la bestia, apenas podías dar un paso del dolor y agarrotamiento de las piernas, retirabas alforjas y manta, notabas el vapor que desprendía el sudor del animal al levantar el apero.

- Hay que ir a buscar paja. Oías decir a tu padre

- Cagüen siempre me toca a mí.

 

CAPÍTULO 3

LA SEMENTERA, LAS TARDES Y EL ZAGALEO.

Las pellizas y sobre todo la pana oscura hacían definitivamente su aparición, Las tardes ya no eran tardes… Venían de la arada pronto los labradores sentados sobre las mulas, siempre silbando, no sin alguna “mojadura” pues ya era tiempo de chubascos y granizadas frías, que hacían imprescindible llevar la manta, no solo para el “gañán”, si no también para las mulas, que pudieran enfriarse al impactar el viento frío sobre el sudor de la jornada...
Después de “desenganchar”, ya solo restaba echarle al “ganao”  para terminar merendando en la bodega, atestar los cubetos, el mosto ya aclarea y se puede premiar con una buena pinta al resecado gaznate.
 
Las tardes en la escuela transcurrían monótonas, contando las “chinas”. Había 100 y con decir 99, 98, 101 era más que suficiente para salir airosamente del trance. Mientras tanto el maestro tomaba lecciones de lectura a los alumnos con “peores entendederas”,. ¿Quién que haya estado allí no recuerda aquel lastimoso gimoteo?, maa, mee, moo  ¡ay, ay ¡maaa, meee, miii, mooo, muuu!. Desde luego era lo peor que a un muchacho le podía ocurrir, no saberse las letras…Era para los demás toda una suerte el poder contemplar la escena desde la atalaya de los números:

- 36, 37, 38,
-  ¡jooo, cómo le sacude, frío desde luego no pasa!
Oías comentar entre diente
- al menos en el cogote!
Contestabas con un hilo de voz.
- ¡cuenta y calla! no venga para acá y entremos en
el reparto.

- 49, 51, 60, _,
- ¡ya está hay 99….!
 –Bien vuélvelas a contar.
- 1, 2, 3, 4, 13, 14, 27….
- Maaa, mee, mii….

Llegaban las cinco y el griterío se disipaba poco a poco por las calles. Era una visita rápida a casa para dejar los “bártulos” y de nuevo regresar. Los muchachos aún con las manos impregnadas del olor a naranja de la merienda, jugábamos a la pelota, (¿Rule?) que calentaba las manos y el cuerpo, algunos mas que el de otros, pues no en vano al que perdía el tanto, se le zurraba en la espalda, eso si, con la “mano abierta” hasta que conseguía poner la pelota de nuevo en juego.
Cuando desde el frontón se divisaba la silueta del “coche línea” que aparecía por “la cuesta”, con Lorenzo al volante, el pelo “pincho”, su chaquetilla azul y peto a juego, inalterable en el tiempo y en el semblante. Dejábamos la pelota corríamos hasta la cuneta y esperábamos para a su paso colgarnos de la escalerilla, el viaje duraba desde el salón hasta la plaza.
Con el camión de Rufino y los de “Colino “(que llevaban el trigo de la panera), completaban el parque automovilístico pesado que por Argujillo transitaba.

-El coche de líineeea gritábamos.
-El camión de Rufiiinooo.

Eran los gritos de guerra que hacía salir corriendo a la muchachada, para subidos, o corriendo tras el vehículo, ver las novedades que llegaban de la Capital y por supuesto en mi caso a recoger el correo.
Bajaba fulanito con una azada de “alumbrar” nueva, un par de piedras de sal para el ganado y un bozal, Menganito con una zuela, un par de “cabezadas”, unas cuerdas, una olla, unas tripas secas con su olor característico y un cuchillo (pronto es tiempo de mondongo), citanito con una guadaña sin mango, eso si, todo envuelto en aquel papel de estraza nuevo. Venían contentos y se despedían alegres de los compañeros de viaje, con los que compartieron unos pinchos en El lobo y/o unas perdices en el Tiberio.

  1. Bueno señores, hasta otro día…
  2. Como te ha cogido el aire de la capita

Oías decir a alguién que pasaba por la plaza, dirigiéndose a un viajero

  1. Siiii…
  2. Anda que no es grande, ¡tarde la gastas! Le gritaba otro al de la azada…

Luego arrancaba Lorenzo, corríamos otra vez hasta el pozo L´ermita “colgados de la escalerilla”.
- ¡Qué bien olía el humo negro que echaba el Barreiros!,
 Nunca entendí que a mi madre no le gustara.

-Que mal huele, que zorreira
Decía la mujer…A mi me encantaba.

Luego, mas tarde, llegando el oscurecer, jugábamos al “zagaleo” por todo el pueblo, ahora que en las bodegas empezaban a desaparecer el “Vaho”.

¡zagaleeoooo!, ¡zagaleeoooo!

Gritábamos todos, era la señal para los que se “quedaban” pudieran empezar a buscar. Era un juego divertido para todos menos para los que buscaban, y lo peor, si una vez encontrados, cantaban algún nombre equivocado o nombraban entre todos a mas de tres, ¡otra vez a repetir…!, se necesitaba una vez “localizado el nial” en la oscuridad, una dosis de estrategia, paciencia, conocimiento de las personas y coordinación del equipo para no meter la pata…

_Alguna historia hay para contar con el zagaleo.

Yo recuerdo varias, pero me limitaré a contar dos que se desarrollaron en circunstancias muy parecidas y, estoy seguro que aquellos compañeros de juegos y fatigas.., que también estuvieron en el lugar de los hechos, les pasará como a mí, nunca se le olvidarán.

Estando un día el grupo de escondidos, en el fondo del cañón de la bodega de la fábrica amontonados sobre la puerta, de pronto ésta se abrió, cayendo todos rodando hacia dentro, pero ahí no acabó la historia, ya que ante la confusión, griterío y el correspondiente susto, alguien empieza a repartir “chaquetazos” con tal ímpetu y saña que el susto se convierte en pánico, pues nadie sabía lo que ocurría salvo el molino alado furioso que repartía los mamporrazos. La salida hacia arriba fue apoteósica todos a “cuatro patas” como conejos huyendo de la madriguera, chillando y saltando o pasándole directamente por encima a aquellos que cayeran delante, lo importante era salir del alcance del monstruo de la chaqueta…
Doy fe que el arma era una chaqueta, pues en la desordenada huida hacia arriba, noté como del pesado látigo textil, después de ceñirse a mi cabeza, impactó al final en mi ojo algo sólido unido a él del tamaño como de una alubia (el botón), el cual me produjo un intenso dolor y la gran suerte de no perder el órgano, aunque si la vista durante unos días, debido a la hinchazón y gran hemorragia interna producida. Era lo que vulgarmente se decía tener un ojo a “la Virulé.”
Cuando llegué a casa en semejante estado, expliqué como casualmente me di un golpe con un palo jugando a los toros en la alameda de Mateo. Siendo por tanto esta la explicación oficial y causa de la hinchazón, derrame y cierre del lastimado párpado

- Un día os vais a sacar un ojo jugando con esos palos a los toros, “osus” que muchachos, más vale que hubieras ido a buscar la paja…

- Por tal mentira, te pido perdón madre...

También confieso, que supimos quién era el de la chaqueta. Para él seguramente, solo fue una forma de asustar a los chavales y divertirse un poco….

Otro día en la misma zona de bodegas (Portugal) pero mas arriba.., estando en una situación similar en un cañón no tan profundo, alguien abrió la puerta y repitiéndose la escena anterior empezó a sacudir zurriagazos, esta vez el arma era una pala, el agresor tuvo la “bondad” de golpear con la parte plana…que si no, ¡nos descuartiza!. Por tal detalle le estaremos eternamente agradecidos, sobre todo Luismi que era uno de los que más impactos recibía y suplicaba llamando al “empalador” por su nombre (fulaniiitooo, paara, para que nos matas, paaaraa…no me pegues mas, paaaraa)

Nota:
No hubo heridos graves.

- Zagaleeoo, zagaleeoo.

Se escuchaba ya muy tarde, quizás los buscadores ya habían abandonado y estaban en su casa cenando tan ricamente….

  1. Bueno estos se han marchado, mañana se “quedan los mismos” ¡vale!
  2. ¡vale! ¡vale!

Salíamos todos corriendo sin despedirnos, como alma que lleva el diablo, en la noche fría; dejando un rastro de vaho que salía de las bocas para desvanecerse sobre el “áurea” de luz de las “tintineantes” y tenues bombillas.

Y ya está aquí diciembre, con sus nieblas, ahora es el gris y el blanco quién envuelve el ambiente.
Hace frío, la tierra se pone “dura” con los hielos que penetran y desgarran sus entrañas. Aunque parezca brutal para los campos y su naturaleza, cuando por fin suban los termómetros, propiciará que aquellos esponjen, se oxigenen y de esta forma beneficiara y contribuirá eficazmente en labores y cosechas venideras.
 Los vinos se aclaran definitivamente. Si persisten las heladas suaves facilitará la curación de los chorizos, que si nacen con lluvia, hará que “lloren” pronto y si luego el tiempo asienta, tornándose en suave frío, tomarán el color blanco del moho seco, dando como resultado unos embutidos excelentes.

Todo parece dormir, apetece guarecerse, solo las quincetas  y algún tordo parecen desafiar a la naturaleza con su presencia en los prados. Por las calles la “pajarita de las nieves” con sus graciosos saltitos, pequeños vuelos y el movimiento rítmico de su cola, anuncia que es la verdadera reina del invierno. Mientras tanto los”pardales” han tomado tenadas y corrales. Se muestran redondos presumiendo de abrigo entre: gallinas, conejos, su cebada y su trigo.
Las labores se limitan a buscar paja para echarle al ganao y como mucho sacar el estiércol, limpiar corrales y, mucha bodega...

 

Pero esta es la siguente historia.

 

EL INVIERNO.